el corazón es la biblioteca más extraordinaria:
guarda todas las experiencias maravillosas
que has tenido en tu vida. Maestro Siddha
Cuando leemos a los jóvenes de 60 y más años... algo pasa en el corazón, pero cuando los vemos, hablamos con ellos y nos cuenta sobre ellos su maestra Laura Bermeo, coordinadora del Taller de Redacción, nos sorprende la vida. Encontramos en estos escritores de la tercera edad, entre otras cosas, experiencia, sabiduría, cierta paz adquirida a través de amores y sinsabores, pero también la chispa, la creatividad, la pasión, la vitalidad y una luz en los ojos, que muchos otros, más jóvenes, quisiéramos experimentar por lo menos 15 minutos. Bien podemos preguntar qué impulsa a estas plumas que nos llevan de la nota periodística a la leyenda, de la poesía al relato de vida, del hecho histórico al ensayo sobre nuestro tiempo, y a la recreación de personajes, lugares y objetos de la vida cotidiana.
Para Laura Bermeo, escritora y periodista desde hace más de 20 años, sus alumnos escriben porque quieren expresar sus vivencias, expresar a manera de un cuento todo lo que han vivido, sobre eso escriben, tienen el deseo de comunicarse, de que lea la gente lo que escriben, sus experiencias, porque la tercera edad es riquísima en experiencias, buenas o malas o regulares, como sea, pero siempre hay mucho que decir... toda una vida, el que diga que no tiene qué... nada no me digan nada, "¡ay! pero de qué vamos a escribir"... hay una regla que dice, escribe sobre lo que conozcas, lo que conozcas muy bien, escribe sobre ti, tu te conoces, hazle una carta a la adolescente que fuiste, o a la niña que fuiste, a la mujer joven que se casó, relata tus experiencias, las de tus hijos y ahora, en la vejez, las de tus nietos, sobra qué platicar, sobra qué decir.
La escritora ha dicho esto último con una maravillosa inflexión en la voz, que por sí misma nos lleva a cada una de esas etapas de la vida, con invitaciones de esta naturaleza, una gran sensibilidad y profesionalismo, los alumnos del Taller de Redacción del Centro Cultural "San Francisco" han sido guiados para cumplir sus deseos, comunicarse con sus seres queridos, y más todavía, comunicarse con todo aquel que se quiera acercar a esta comunidad de joviales escritores, porque desde hace 9 años publican el Periódico IMPULSO. Han ido a través de este tiempo dándole forma a esa escritura que quieren dejar a sus nietos y a sus hijos, vivencias y experiencias, "una especie de carta muy larga" en donde relatan su vida, quieren hacer cuentos para entretener a los nietos, o bien, aclara en otro momento Laura, en un tono ahora relajado, los demás nada más escriben como una manera de desembarazarse de lo que han acumulado a lo largo del tiempo.
Con esto último muy pronto la escritora nos hará ver otro gran porqué del "impulso narrativo", se escribe porque ya es una cosa que trae uno, que quiere echar fuera, como los pintores, tienen una idea, aman el color, y conjugan todo eso, y como bien afirma, son motivos de inspiración tanto el dolor como la alegría... a mí me duele escribir sobre la muerte de un hijo, pero quiero hacerlo para liberarme de esa pena que traigo, porque es como un vómito del alma, tu escribes y hechas fuera todo lo que traes, entonces lo voy a hacer de manera como yo lo estoy sintiendo, sencillo, pero al mismo tiempo veraz, claro, y es esta indicación la que hace entrar a escena las reglas de la escritura.
Las Reglas para Escribir
Escribe sobre lo que conoces. Escribe sobre la edad que hayas disfrutado más o en la que
----sufriste más, porque son motivos de inspiración tanto el dolor
----como la alegría. Sé ameno, no hay que ser retorcido. Utiliza un lenguaje claro, sencillo, coloquial, para que todos lo
----comprendan, porque luego las personas muy cultas abusan de
----la cultura. En conclusión: no hay que ser muy rebuscado, hay que ser
----claro, conciso, decir la verdad, ir al fondo de las cosas.
La colaboradora de diversas revistas que han formado parte del paisaje urbano de la ciudad de México, a lo largo de 10 años en su Taller de Redacción ha conjugado las reglas de la redacción, la escritura, la lectura y su amor por la cultura. Laura Bermeo es "una enamorada de la cultura" cuya historia de vida nos hace entender ese "amor" y el éxito de su taller, en el que hoy 34 alumnos comparten semanalmente su sesión en un reducido salón. Nunca he dicho que no a un trabajo, me encanta, y estudio y estudio y estudio, afirma con ímpetu la periodista, yo soy una enamorada de la cultura, de la lectura, leo y leo y leo como máquina, y ahora como ya me empieza a fallar la memoria vuelvo a mis tiempos de cuando hacia mis escrititos, de cada libro que leía, hacia un apunte, un resumen, ahora ya volví... después de 40 años.
Porque Laura G. Bermeo -o Isabel Torres-Orozco, o Gabriela Esmeralda, o Gabriela Tagore, me ponía un chorro de sobrenombres nos dice la periodista- de joven tuvo que estudiar la licenciatura en Derecho en lugar de Filosofía y Letras, en mis tiempos uno hace lo que el papá le dice, sin embargo, esto no distrajo su verdadera vocación, al terminar sus estudios y casarse emprendió el camino del autodidáctica, hace 40 años se dedicó a leer y de cada libro hacia un resumen, yo solita empecé a estudiar entre hijo e hijo, pues tuve siete, tomó algunos cursos y escribió libretas enteras, y cuando llegó al D.F. hace 35 años, empezó con sus primeras colaboraciones.
De una necesidad, un enamoramiento y una labor muy profesional ha surgido la motivación y el entusiasmo recíproco: a la maestra y autora de varios libros de cuento y novela le ha permitido realizar un trabajo voluntario con el que están contentos sus alumnos, porque nos explica, les hago muy amena la clase, no les doy las reglas frías, siempre les voy contando algo relacionado con la regla, a parte de los ejemplos recuerdo a tal o cual autor, les
digo lo que escribió, en que condiciones anímicas lo hizo... les cuento mucho de todo, en esta última clase que estabas tú, me puse a contarles a grandes rasgos un libro hermoso, que te lo recomiendo, se llama "El día que Nietzsche lloró", sobre la historia de Nietzsche, de ahí saque muchas reflexiones que se las leí... bueno la filosofía de Nietzsche que es muy polémica porque no todos están de acuerdo con ella, pero tiene cosas muy buenas, otro autor del que les platico mucho, es de Milan Kundera, a mí me encanta, me encanta, entonces les cuento las transformaciones que ha sufrido la novela... luego me paso de un autor viejo a uno moderno, los mantengo interesados y he despertado sus deseos de cultivarse y de leer, entre ellos mismos empezaron a comprar libros y a rotárselos.
A los asistentes al Taller de Redacción, algunos ya por varios años, se les ha abierto un mundo, reconoce Laura, ellos me lo han dicho –comenta esta mujer alta, cuya constitución y tez de las mujeres del Norte, robusta y blanca, no hace más que transmitirnos cierta armonía entre cuerpo, mente y espíritu– ellos lo sienten así, "nos gusta porque nos haz motivado a escribir, nos haz hecho leer", y les digo de un libro y van y lo compran, y si no tienen se juntan dos, tres, compran el libro y se lo pasan, entonces eso me da mucho gusto, todos los libros que les recomiendo los leen, y sobre algunos les digo, "éste está muy subido de tono, si lo aguantan cómprenlo si no, no"... nos reímos.
Laura Bermeo y sus alumnos han habitado este mundo hermoso de las letras, en el que no nos alcanza la vida para leer todo lo que se ha escrito, pero en el que sí han podido renovar y reinventar su vida. Los adultos mayores del Taller de Redacción son personas que siempre desearon escribir pero que les faltaban las normas, se han ido soltando, en palabras de la maestra, a medida que van escuchando sus clases, tomando sus notas. Algunos de ellos han recibido ese "pequeño empujoncito" para concluir sus escritos, y no solo eso, sino para publicarlos y presentarlos en público, como es el caso del dramaturgo Ángel Merino que no se animaba a dar a conocer su obra sobre la vida de Antonieta Rivas Mercado, "Un despreciado amor". El entusiasmo de todos, su respuesta y los avances en la escritura misma han cristalizado en la publicación IMPULSO, periódico trimestral del Taller, y cuya venta en $5.00 será destinada para integrar "la biblioteca" del Centro Cultural "San Francisco", y arreglar por lo pronto un librero sin puertas que se encuentra en el salón del Taller.
La escritura es la compañera que nos comunica con los otros, pero también que establece un vínculo con nosotros mismos, nos reinventamos, rehacemos el pasado, soñamos el futuro, es plenitud del presente, sin embargo este presente en ocasiones se hace vacío, o soledad que nace de los ritmos de la vida contemporánea en la que ya no tenemos tiempo para escuchar, hablar o acompañar a los adultos mayores. No obstante, en comunidades como las que propician los Centros Culturales del INAPAM, una escritora y sus alumnos son una feliz pareja con proyectos por realizar, historias que contar y mundos imaginarios que explorar.
Dos personas es necesario reconocer en la vida de Laura G. Bermeo. Su madre, mujer que se adelantó a su tiempo, cuenta su hija que fue autodidacta, nos pedía nuestros libros de la preparatoria y de la secundaria y estudiaba, versificó toda la geografía de México, estado por estado, para que los niños de tercero de primaria aprendieran... fue un trabajo hermoso... mi mamá estudió en los libros de medicina de mi papá y hacia un diagnóstico médico tan bueno como el de mi papá, él cuando tenía alguna duda le hablaba a mí mamá, le contaba la sintomatología del enfermo, y ella le decía, "yo creo que es esto, esto, esto otro", mi mamá siempre quiso que estudiáramos todos, muy chamaquitas nos mandaron a estudiar a mi hermana y a mí. Laura ha escrito como un homenaje a su mamá, la novela biográfica Teodora y su mundo, y nosotros concluimos esta recopilación con ¡Señor!, ¿por qué? de Luz Amador Ledesma de Bermeo. Al esposo de Laura Bermeo, el Ing. Ramón Torres-Orozco, queremos también agradecer, por apoyar a la mujer, a la escritora, a la maestra del Taller y realizar el formato y diseño del periódico IMPULSO, imaginamos su apoyo en un sentido más profundo, quizá aquel que tiene que ver con la raíz de la palabra compañero aquel con quien se comparte el pan, y esto solo lo intuimos por una frase que repetidas veces dijo Laura G. Bermeo, al recordar sus 50 años de vida a su lado, parece que nací casada, todo lo que recuerdo pertenece a mi vida en matrimonio...
Jubilación viene de júbilo, la alegría que experimenta una persona cuando no está ya atada a un horario o actividad que le desagrada y puede dar rienda suelta a sus aspiraciones y dedicar su tiempo a lo que realmente le gusta y anheló hacer toda la vida.
Sin embargo, para algunas personas jubiladas puede resultar una época desoladora en tanto no encuentra cómo emplear su tiempo, y aprendan a ser útiles a sus semejantes.
Dice el escritor Magnus Pike en su libro: Cómo disfrutar de una larga vida -que recomendamos a los lectores-, que el empleo da felicidad de tres maneras: La primera, por el dinero que proporciona; la segunda, por el gozo de poseer una actividad; y la tercera, por la satisfacción de convivir con otras personas afines y pertenecer a una determinada empresa donde se sienten parte importante de ella. El mismo autor señala que existe una especie de discriminación hacia las personas de edad avanzada, discriminación a la cual da el nombre de edadismo, y es la que le niega todo tipo de oportunidades. La implantaron los vecinos del Norte de nuestro país desde hace algunas décadas, cuando negaron a las personas mayores de cuarenta trabajo, por considerarlos poco productivos.
Pero, si la sociedad rechaza a los adultos de más de cuarenta años, ¿qué puede esperar el anciano común y corriente, jubilado de la familia, jubilado del trabajo, jubilado del amor?
¿Qué puede hacer cuando siente que ya no
encaja en un mundo de jóvenes, teniendo a su alrededor la incomprensión y el desamor?
Considero que es imperativo que busquen una ocupación que los mantenga activos y un amor. La edad no es un obstáculo para ello. El mundo está lleno de ejemplos de viejos felices, que realizan una actividad compatible con sus gustos y aficiones, rodeados de amor.
Algún humorista dijo: Un hombre es joven, mientras las mujeres tienen un inmenso poder sobre él y lo pueden hacer feliz o desgraciado. Un hombre es maduro, cuando las mujeres lo hacen feliz, pero ya no logran hacerlo desdichado. Y un hombre es realmente viejo, cuando las mujeres ya no pueden hacerlo ni feliz ni desgraciado.
Para que esto suceda deberá ya estar muy cerca de la sepultura. Un hombre de setenta años todavía siente que se le alborotan las hormonas cuando contempla un bello ejemplar femenino. Lo mismo le sucede a la mujer, y muchas dicen, cuando admiran a un guapo varón: El que estemos a dieta no quiere decir que no podamos leer el Menú.
El jubilado debe realmente regocijarse al llegar a esa etapa de su vida en que ya no lo acosan los compromisos y gozar del descanso, un descanso creativo, y para ello tiene la cultura en toda su vastedad. El anciano de hoy debe seguir mirando de frente la vida y hacer de cada minuto un goce sereno, una razón para vivir y amarlo todo.
Me dirijo al Instituto Nacional de la Senectud para ir a tomar clases de: Literatura, con la culta maestra Graciela Salgado; de Redacción y Periodismo, con la simpática e inteligente Laura Bermeo; y de Francés, con el caballeroso e inolvidable amigo Gabriel Flores, que impartía sus clases mostrando siempre su calidez humana.
Después, al Instituto le cambiaron el nombre por el de INAPLEN, que significó: Instituto Nacional para los Adultos en Plenitud. ¡...Adultos en plenitud! ¿En plenitud de qué?, ¿de enfermedades?, ¿de deudas?, ¿de achaques?, ¿de problemas familiares...? ¿De qué?
¡Bueno, dejémoslo ahí! Ahora el Instituto lleva otro nombre: se llama INAPAM, que significa Instituto Nacional para los Adultos Mayores. ¡Bueno, eso está mejor! El nombre se parece al de una población del Estado de Hidalgo: Apan, donde se vende el rico curado de pulque. Esto no significa que nos vayamos a colocar una borrachera municipal, con sus fatales consecuencias.
A mí en lo personal me gusta más el nombre primitivo de INSEN. Creo que abarca perfectamente lo que somos y el rango social al que pertenecemos: Instituto Nacional de la Senectud: que
corresponde a la vejez; identificado con los "viejos". Y así dejamos atrás todas esas pequeñas vanidades o palabras melosas que nos deben identificar ante nuestros congéneres.
Hay que reconocer que, sea como sea y llámese como se llame, este Instituto, con sus muchos Centros Culturales que tiene en toda la República, es un semillero de "ancianos en plenitud"; que todavía nos complace acudir a un aula a aprender, a alimentamos de tanta sabiduría que hay en el mundo y que, gracias a nuestros buenos maestros (que algunos de ellos cooperan en forma gratuita con los centros de enseñanza), el adulto mayor se atreve a portar sus libros y cuadernos para continuar ilustrándose con los conocimientos y aprendizaje que la vida nos depara. El adulto mayor (o como quiera llamársele), todavía tiene mucho que enseñar y, sobre todo, aprender; porque es un ser que, aunque vaya arrastrando sus achaques (algunos, no todos), tiene algo muy importante qué hacer. Tiene la voluntad de seguir escalando estímulos que lo confortan. Por eso hay que valorarlo y tomarlo en cuenta; aparte de los innumerables servicios morales y materiales que recibe antes de entregar su
último par de zapatos al Creador, como son: La amistad, el compañerismo, el afán de conocimientos, el tener un espacio para recordar su juventud, a apreciar la literatura universal y extasiarse en la calidez de la noble poesía; además de los encuentros que se dan entre parejas al hacer revivir nuevamente el tardío u olvidado amor.
El anciano posee una gama de emociones y sentimientos que están ahí, prendidos a su piel, deseando tener la primera oportunidad para soltarlos y poder expresarlos.
Hoy, que festejamos el Día del Anciano, nos une el abrazo fraterno para felicitamos, porque aun seguimos disfrutando de los buenos momentos de la vida y olvidamos de los sinsabores que la acompañan.
Brindemos este día y siempre por la salud de nuestros queridos maestros que gracias a ellos obtenemos "un aliento más de vida"; por la buena camaradería que hay entre nosotros y, por qué no decirlo, por el sublime amor que se encuentra agazapado en los buenos corazones de los "viejos" y las "viejitas" que aspiran a compartir su soledad ¡...con una copa de amor!
Patria es la parte de cielo que en el día con su radiante sol y en las noches con su luna, y cuajado de estrellas y luceros, cubre nuestro hermoso valle llamado México - antes, la Gran Tenochtitlan -. Con sus verdes campos, sus montañas, sus árboles y sus hermosas flores como la azalea, la nochebuena, la bugambilia y el rosal.
Patria son los mares que rodean nuestro país: por un lado el Océano Pacífico; por el otro, el Golfo de México; sus ríos, que atraviesan nuestras fértiles tierras, como: el Río Bravo, el Pánuco, el Usumacinta, el Coatzacoalcos y sus volcanes: El Pico de Orizaba, el Nevado de Toluca, el lztaccihuatl y el Popocatépetl, que adornan nuestro territorio nacional.
Patria son las calles y avenidas por donde anduvimos desde que éramos pequeños: el Paseo de la Reforma, Insurgentes, Tlalpan y Revolución. El zócalo con su Palacio Nacional y a su lado la gran Catedral Metropolitana; el Palacio de Bellas Artes, el Hemiciclo a Juárez y la Alameda Central.
Cerca de ahí, a unas cuantas cuadras más, el Monumento a Cuauhtémoc, nuestro último emperador azteca.
Patria es nuestra bandera tricolor con su águila devorando una serpiente sobre un nopal; el Himno Nacional; los héroes que nos dieron patria: Hidalgo, Morelos, Allende y Aldama; nuestro ejército y el glorioso Colegio Militar.
Patria son los maestros, los estudiantes del Politécnico y de la Universidad, los obreros y los campesinos.
Patria es nuestra música folklórica tan llena de sentimiento, que nos invade de emoción cuando la escuchamos, como: el Son de La Negra; el Huapango de Moncayo; México lindo y querido; Guadalajara y ¡Qué Bonita es mi Tierra!
Los vestidos típicos de la mujer mexicana: la tehuana, la chiapaneca, la china poblana, el famoso traje de charro, con su sarape multicolor y el simbólico sombrero galoneado.
Nuestros platillos mexicanos: el sabroso mole, los tricolores chiles en nogada, la barbacoa, las carnitas con sus salsitas; sin faltar el sabroso chicharrón en tacos de tortillas calientitas acabaditas de salir del comal.
También los dulces nacionales: las cocadas, los famosos camotes de Puebla, los calabazates y las alegrías, las pepitas, las palanquetas de cacahuate, los dulces de leche de nuez y de piñón. Nuestras deliciosas frutas: la papaya, los mangos, la piña, la sandia y el melón.
Patria somos todos los mexicanos: los niños, los jóvenes, los adultos y los ancianos, tú y yo.
Mexicanos: Cuidemos lo que tenemos; trabajemos y luchemos para que cada día, cada año, cada siglo y cada milenio nuestra amada Patria sea mejor.
¡VIVA MEXICO!
Somos criaturas acuáticas que han convivido con el hombre desde la más remota antigüedad, pues ya los griegos nos conocían, y hasta llegaron a confundirnos con las mitológicas sirenas, y probablemente por ello, los naturalistas nos clasificaron como sirenios. Somos mamíferos sin miembros posteriores; con los anteriores en figura de aletas y la cola ancha y plana, adecuada para nadar.
Somos pacíficos, vegetarianos y habitamos las costas de Florida y el mar de las Antillas. Algunos de nuestros hermanos se han adaptado a las vicisitudes de los ríos Amazonas y Orinoco, y también hemos incursionado en la costa occidental de África y los grandes ríos que en ella desembocan. En nuestro máximo desarrollo llegamos a alcanzar hasta cuatro metros de longitud.
A lo largo de los siglos, los hombres nos han pescado, pues nuestra carne es muy apreciada. También les proporcionamos grasa, de la que se obtiene aceite muy cotizado y, además, de nuestra piel bien curtida se consigue un cuero muy duro y flexible.
Hace algunos años, biólogos mexicanos trajeron algunos ejemplares de nosotros hasta los canales de Xochimilco, con la genial idea de que termináramos con la plaga del lirio acuático comiéndonoslo; pero parece ser que no informaron previamente a los vecinos de los canales, y éstos se azoraron al vernos y emprendieron en nuestra contra una tenaz y funesta persecución que, infortunadamente, fue fatal para nuestros desdichados congéneres que tuvieron la mala suerte de intentar adaptarse a esa región, exótica para nosotros.
A pesar de tan larga y azarosa pesadumbre, sobrevivimos; y hoy en día nos mantenemos en un número suficiente para que no peligre nuestra especie, pese a los desmanes en los que incurre, muy a menudo, el hombre, en su afán de comercializar todo lo que a su paso encuentra.
Tu amigo,
----------------El manatí.
El progreso de la ciencia y la tecnología evoluciona tan velozmente que llega a desvirtuar e incluso a rebasar su objetivo principal, que es el mejorar la calidad de vida.
Como ejemplo de ello tenemos las pantallas interactivas, que manejan exceso de información, desinformación y mala información.
¿Qué hacer para preparar a nuestros jóvenes a enfrentar esto? Es prioritario que se implementen programas que desarrollen en jóvenes y maestros la capacidad de razonamiento y creatividad necesarias; así como un espíritu analítico que les permita discernir y escoger entre el material útil y el inútil, con el fin de formar mentes críticas capaces de depurar el material, evitando la mala información, la violencia y la pornografia.
Además, que se incluyan programas educativos que desarrollen la lógica-matemática, la lingüística, las habilidades corporales, cinéticas, interpersonales e intrapersonales y todas
aquellas que les concedan tener un íntimo contacto con su mundo interior y exterior.
Pero el mayor de los retos -y el más importante a nivel familiar y estudiantil- es la formación de valores espirituales, morales, sociales, afectivos, estéticos, económicos e intelectuales. Sin ellos el hombre pierde su humanidad, su civilización y puede caer en la barbarie y la inconsciencia.
La violencia que se lee y se ve todos los días no podemos atribuirla únicamente al exceso de información, a la que estamos continuamente expuestos a través de los diferentes medios de comunicación. Más bien, debemos voltear la mirada a reflexionar sobre la pérdida de valores y la falta de un espíritu racional y pensante.
El siglo XXI será determinante para la formación de nuestros niños y jóvenes; y para hacer que los avances tecnológicos y científicos se sigan dando para mejorar nuestra calidad de vida y no para su deterioro.
El pasado 23 de marzo tuvimos la gran oportunidad de recibir en este Centro Cultural a la escritora Kathryn Skidmore Blair, que fue recibida por las licenciadas Leticia Chávez, Coordinadora del C.C. San Francisco y Laura G. Bermeo, maestra del Taller de Redacción, quienes le brindaron unas calurosas palabras de bienvenida.
La señora Blair vino a presentar su libro A la Sombra de un Ángel, el cual le llevó la tarea de escribirlo una y otra vez hasta que fue en la tercera ocasión cuando, finalmente, quedó a su entera satisfacción, pues su idea era desarrollar y plasmar, lo más auténticamente posible, la historia de Antonieta Rivas Mercado, hija del arquitecto Antonio Rivas Mercado, creador del Ángel de la Independencia.
Ella fue una mujer que se adelantó a su época. Fue de las iniciadoras que sembraron la cultura en México; fundó el Departamento de Cultura Regional en el Departamento de Educación y siempre se movió en el ambiente intelectual, donde era muy conocida con el sobrenombre de la musa de los contemporáneos. Su vida fue tan intensa, como trágica su muerte en la plenitud de su existencia.
Antonieta era la madre de Anthony Blair, actual esposo de la escritora. Fue una agradable experiencia haberla conocido y haber escuchado su interesante plática. Su narración, sencilla y clara, puso de manifiesto su amor a la vida y su gran pasión por México, que aunque no es su país de origen lo ha adoptado, demostrando, además, el interés que tiene por que fuera de nuestras fronteras se conozca a los mexicanos.
La señora Blair nos dio una envidiable manifestación de amor a la vida, pues a pesar de sus 86 años nos habló de que dentro de sus futuros proyectos está el escribir otro libro, lo cual nos enseña que cuando nos proponemos hacer algo, sin importar la edad, podemos realizarlo.
Yo los invito a todos a seguir el ejemplo de esta excepcional mujer.
Un día, la burra de un campesino se cayó a un pozo. El animal lloró fuertemente por horas; mientras, su dueño trataba de buscar algo qué hacer. Finalmente, el hombre decidió que la burra ya estaba vieja y que el pozo ya estaba seco y debía de ser tapado de todas formas; que realmente no valía la pena sacar la burra del pozo.
Invitó a sus vecinos a que vinieran a ayudarle. Cada uno agarró una paja y comenzó a tirarle tierra al pozo La burra se dio cuenta de lo que estaba pasando y lloró horriblemente. Luego, para sorpresa de todos, se aquietó después de unas cuantas paladas de tierra.
El campesino miró hacia el fondo del pozo y se sorprendió de lo que vio. Con cada palada de tierra, la burra estaba haciendo algo increíble: se sacudía la tierra y ascendía un paso encima de la tierra. Muy pronto, todo mundo contempló estupefacto cómo la burra llegó hasta la boca del pozo, pasó por encima del borde y salió trotando.
La vida va a tirarte tierra, todo tipo de tierra. La astucia para salir del pozo consiste en sacudírsela y usarla para dar un paso hacia arriba. Cada uno de nuestros problemas es un escalón a vencer. Podemos salir de los huecos más profundos si no nos damos por vencidos. ¡Usa la tierra que te echan para salir adelante!
Recuerda las cinco reglas para ser feliz:
Libera tu corazón del odio. Libera tu mente de las preocupaciones. Libera y simplifica tu vida. Da más y espera menos. Ama más y sacúdete la tierra; porque en esta vida ¡hay que ser la solución, NO el problema.
Amo mi casa
porque ella guarda mis silencios,
silencios plagados de recuerdos,
de hechos de mi vida
que se han enlazado hasta aquí.
Amo mi casa
porque ella guarda la presencia
de mis hijos, de mi compañero;
sus risas, sus juegos, sus tristezas.
Amo mi casa
porque es remanso de paz
en medio del torbellino de la vida.
Amo mi casa
como complemento de mi ser
y en cuyos rincones están guardados
los llantos derramados
los suspiros exhalados.
Amo mi casa
porque en ella ha quedado lo impalpable
que hemos dejado los que la habitamos:
nuestras almas, compañeras etéreas
que van con nosotros por doquier
y vuelan a ignotos confines
en nuestro final.
Manejaba de prisa para llegar a tiempo a mis clases en el centro cultural al que pertenezco, cuando de pronto un hombre joven, en su auto deportivo, me gritó: ¡Oye!, anciana: O vas más rápido o quédate en tu casa.
Me quedé pensando no tanto en su falta de respeto hacia mi persona, sino en el tono peyorativo con el que profirió la palabra "anciana", por lo que me di a la tarea de buscar en el diccionario su significado literal.
Oh, grande fue mi desilusión al leer: Dícese de la persona que tiene muchos años.
Así, con ocho palabritas se define toda una vida de un ser humano. Y ¿qué hay de la sabiduría que adquiere a través de los años; del cúmulo de experiencias que archiva en cada episodio de su vida y que generosamente nos comparte cuando lo necesitamos; del pastel de amor que reparte diariamente entre sus seres queridos, tratando de dar porciones iguales a cada uno de ellos; de los desvelos en enfermedades; del apoyo incondicional en buenas y malas; del sacrificio, que muchas veces esconde, al hacer ayuno forzoso para que otros se lleven un bocado más a la boca; de la dulce sonrisa que enmarca su rostro, aún en los momentos más difíciles, a fin de dar fuerza a quien la necesita?
Yo podría seguir enumerando las virtudes de un anciano, llenando así los renglones y renglones con sus ricas enseñanza. Es por ello que me sorprende tanto encontrar la definición de anciano dentro de ocho lacónicas palabras.
Pero, bueno, reconozco que un diccionario debe ser breve y escueto. Aún así, lo único que yo le añadiría a dicha acepción seria: Dícese de la persona con muchos años, plena de sabiduría, de naturaleza incondicionalmente entregada y con un extraño halo de amor inagotable.
Por todo lo anteriormente expresado y por lo que hay omitido: ¡Oye!, muchachito del auto deportivo: Llámame anciana, pero dame tu sonrisa y una caravana.
No hagas todo lo que puedas,
no gastes todo lo que tienes,
no creas todo lo que oyes,
no digas todo lo que sabes.
Aunque trabajar tú debas
nunca lo hagas en exceso,
pierde el amor y el seso,
no hagas todo lo que puedas.
Aunque tengas muchos bienes,
el dinero nunca daña,
piensa siempre en el mañana
no gastes lo que tú tienes.
Creer lo que hablan y predicen
es peligroso en extremo,
se pierde el timón y el remo
no creas todo lo que dicen.
Nunca denuestes ni alabes,
que aunque conozcas la gente
puede cambiar de repente,
no digas lo que tú sabes.
Los estudiantes de Medicina, en su primera disección, se colocan alrededor del cadáver. El maestro señala a cada estudiante la parte que debe intervenir. Una de las practicantes, no sabiendo exactamente el lugar en que debía trabajar, solicita ayuda. Muy amable, el estudiante protagonista de esta anécdota, al quererle mostrar el sitio exacto donde tiene que abrir, sin darse cuenta se reclina en el
tórax del extinto, cosa que ocasiona que el difunto emita un fuerte quejido. Acto seguido, el estudiante que se recargó, cae desvanecido por la impresión. Piensa que ha muerto, pero lo hacen reaccionar las cachetadas que le da el maestro para reanimarlo. Pasado el susto, recibió del profesor una explicación científica de la causa de tan tenebroso quejido:
Resulta que muchos difuntos retienen el aire en sus pulmones, y que al ser oprimidos, lo expulsan con un triste lamento.
Ya que la vida es transitoria
¡Hagamos grata la historia!
Por dentro miel, por fuera aceite
y encontrarás que la vida es un deleite.
Advertencias son despojos
de los antiguos enojos".
Somos seres finitos,
pero no fortuitos.
La salud es lo que cuenta,
¿la felicidad...? se inventa.
Dios es enigmático...
el hombre es errático,
sólo Jesús es paradigmático.
Iberoamérica surge en el horizonte...
pese a que nos lacera el frío del
Norte.
Aunque los derechos humanos
sean una utopía,
los vamos a exigir a porfía.
La verdad está en las ciencias.
La voluntad, en nuestras conciencias.
Aforismos son pensamientos enigmáticos
que encierran criterios socráticos.
Por lo que hace a la Economía,
que se ostenta como equívoca
(guía,
hemos llegado a la saciedad,
pero nunca a la equidad.
Por lo que se refiere al Derecho,
hemos caminado por camino
(estrecho,
no hemos alcanzado la justicia,
porque nos las ha vedado
nuestra propia estulticia.
En Mexico nos ahogamos en
(leyes...
¡pero seguimos arando con
(bueyes!
Cómo cambia la vida
de un día para otro,
cómo cambia la vida
los terremotos.
Sacudiendo las almas
en cuerpos rotos,
sacudiendo el dolor
por las heridas.
Yo me pongo a pensar:
¿Por qué estos sismos?
Si para hacernos más hombres
O llorar como niños.
Yo me pongo a pensar:
¡Cuánta miseria
en los héroes de ayer,
por la tragedia!
Destapando conciencias
todas cerradas;
volviendo más conscientes
las charlotadas.
La carroña a los buitres,
que es suculenta.
Y los héroes de ayer
ya ni se cuentan.
Convulsiones de ayer
hacen al hombre
progresista y mejor
en su trabajo.
Descubriendo el dolor
en carne propia
y volviendo a nacer
y hacer historia.
El día en que por primera vez regresé a pasar unas vacaciones a mi querida ciudad minera de Hidalgo del Parral, Chih., tarde se me hacía para salir a la calle a ver de nuevo todas las cosas que tanto añoraba cuando estaba le-
jos, y así sentirme verdaderamente en casa.
No tardé mucho tiempo, ni tuve que ver muchas cosas para convencerme; porque al dar la vuelta a la primera esquina alcancé a ver la alta y taciturna figura de Don Homobono, hombre membrudo de 35 a 40 años de edad, con su andar lento y a grandes pasos, de pocas y sonoras palabras cuando tenía necesidad de comunicar algo, con su inacabable pantalón de mezclilla de peto y flojos tirantes, con su sombrero de fieltro terminado en punta y de ala ancha de color "quien sabe" porque, por su aspecto, con toda seguridad ya había sido receptor de innumerables aguaceros, vendavales y granizadas. Ver a Don Homobono era una prueba irrefutable de estar en Parral. Nadie sabía cuando había nacido, pero eso sí, todos sabíamos de su acrisolada integridad y de su apego al trabajo. Por eso el pueblo lo apoyó cuando, en una ocasión, le quisieron tirar por las coladeras la leche –produc -
to de tres vacas que criaba y cuidaba con mucho esmero y que diariamente vendía de casa en casa acarreada por dos burros medio flacones–, por carecer de Licencia del Departamento de Salubridad, que le exigían las autoridades.
Fue necesario que ocho forzudos policías unieran sus fuerzas para llevarlo ante el juez. Al reprenderlo por la infracción cometida, el lechero insistía en que jamás en toda su vida había ofendido a nadie. Que todos los que lo conocían sabían que desde que nació se había dedicado a trabajar de sol a sol cuidando sus tres vacas y sembrando sus cuatro hectáreas, con las que daba de comer a su mujer y a sus ocho hijitos, siendo esta su única ambición en la vida.
El juez, que también conocía muy bien a Don Homobono, y la pesada carga de ignorancia que llevaba a sus espaldas, no sólo lo perdonó, sino que él mismo tramitó su licencia. Además, para que no perdiera tanto tiempo entregando la leche casa por casa, ordenó que se la compraran toda en la Comandancia, para el almuerzo y cena de los presos. Así era Don Homobono: ignorante, trabajador y honrado; que con tener lo suficiente para darte de comer a su familia, se sentía el hombre más feliz de la Tierra.
Corría el año de 1870 y en una bella ciudad del norte de la República, donde imperaba la paz, el amor y el trabajo, las personas se conocían, y se saludaban en la calle. Todas estaban orgullosas de la Catedral que tenían y que es muy bella.
Un día apareció un joven de origen francés, muy bien parecido y que aun siendo recién llegado, pronto encontró trabajo.
En seguida se corrió la voz entre las muchachas casaderas, que entablaron contacto con él; pero de entre todas él se fijó en Martha y pronto salieron a pasear. Después se hicieron novios.
Así transcurrieron unos meses y Martha seguía muy entusiasmada con él.
Luego de un tiempo el enamorado le dijo a Martha que tenía que regresar a su país por motivos familiares, pero que retomaría para casarse con ella.
Pasaron los meses y los años y ella seguía esperando. El galán nunca volvió.
A ella le gustaba treparse a las torres de la Catedral, desde donde se divisaba el camino por el cual él debería regresar. Al cabo de un tiempo. Martha se enfermó y murió.
Cuenta la leyenda que en las noches de luna, mirando fijamente la torre a que se subía, se puede descubrir claramente la figura de una mujer. Todos aseguran que es el espíritu de Martha, que aun espera a su amado.
Era Don Lupe un indio totonaca de la sierra norte de Puebla, ya entrado en años. Flaco, enjuto, alto pero muy fuerte. Había nacido de un peón de hacienda, así que toda su niñez la pasó siendo el peoncito y amigo del hijo del patrón, por lo que pudo tener los beneficios que esto le proporcionaba. Por ejemplo, buena comida y toda la ropita que dejaba su patroncito.
Sus gustos estaban supeditados a los del hijo del patrón, puesto que él no tenia la mayor parte de las veces iniciativa. Todo lo hacía para complacer al niñito su compañero. Mientras que al patroncito lo tenían guardado por las mañanas frías, Lupillo se lanzaba a correr por el cerro hasta el río; y como llegaba sudando se tiraba de clavado y nadaba para refrescarse y bañarse, pues al tener que entrar a la Casa Grande de la hacienda le exigía -dentro de sus limpísimos trapitos también estar aseado.
Al crecer, su entrañable amigo se fue a estudiar al extranjero y Lupillo conoció la amargura de haberlo perdido. El tiempo transcurre y él asume su posición de peón de la hacienda.
Los domingos bajaba al pueblo a comprar su mandado, siempre en la tienda del español Don Pepe.Un día, al faltarle cinco pesos para completarlo, le pidió al tendero que se lo fiara, que le dejaba su sombrero en garantía.
Don Pepe soltó la carcajada y dijo: Tu viejo sombrero no vale un cacahuate. Lupillo le contesta: Para usted, Don Pepe. Para mí tiene un inmenso valor.
Yo observaba mientras me tomaba un refresco y el gesto tan definido del indio me llamó poderosamente la atención, por lo que le presté los cinco pesos. Por supuesto que no acepté su sombrero. Ya me había olvidado del asunto, pero un día escuche que me llamaban: ¡Oiga señor, espéreme! Volteo y me alcanza Don Lupe. Me pagó el dinero y le pregunté: ¿Por qué tienes en tanta estima tu sombrero? Y contestó: Un día, la niña chiquita de los amos, corría por la cortina de la presa; resbalando, cayó al agua en la parte más profunda y se estaba ahogando. Mi habilidad de joven me permitió superar la cuesta de la cortina y en segundos ya nadaba hacia la nena, salvándola de una muerte segura. Así perdí mi sombrero. Luego el patrón me regaló una tierrita que me ha permitido casarme y tener mí propia familia. Manque está ya mi sombrero deshilachado, siempre lo uso, como una muestra de gratitud hacia aquel buen hombre que cambió mi vida.
Nací en 1412 en la aldea de Domrémy. Era muy blanca, de facciones finas y con mucho carácter. Las personas que me conocieron me consideraban sencilla, afable y cariñosa. Por mi piedad y amor a Dios nunca me atreví a tomar venganza de mis enemigos.
Me llamaban "la doncella". Fui inspiración para la pluma de Shakespeare, Voltaire, Schiller, Jules Michelet, Paul Claudel, Mark Twain, Bernard Shaw y muchos más. Ellos vieron en mí el símbolo del patriotismo, así como a un genio militar; o bien, el centro de un conflicto entre el deber y la vocación; o tal vez, el drama de la lucha entre el amor humano y la misión divina.
Se han filmado varias películas sobre mi vida. Directores como Dreyer, Rosellini y Bresson intentaron ahondar sobre mi vida desde el punto de vista religioso y psicológico.
Son muy pocas las ciudades
de Francia que no tengan un instituto o un centro de enseñanza que no lleve mi nombre.
Unos, me consideraron loca; otros, bruja; y algunos más, hereje. Lo único que hice fue movilizar a mis compatriotas para liberar a mi país del yugo inglés y situar a Carlos VII en el trono.
El 30 de mayo de 1431 fui quemada en la hoguera en la Plaza del Mercado Viejo, de Rouen, y sólo de mis labios salió el nombre de Jesús.
Cinco siglos más tarde, en 1920, bajo el pontificado de Benedicto XV, fui proclamada Santa. Y en pleno siglo XX, un papa afirmó que Juana de Arco fue enviada de Dios.
Una tarde lluviosa y fría, al transitar por las calles del Centro Histórico, llevando bultos y el paraguas, sorpresivamente alguien sentado en el quicio de una puerta me extendió su mano. La prisa, la lluvia, la sombrilla, los paquetes, me hicieron esquivarla; pero una voz y un calificativo con el cual sólo una persona me había designado, me hizo detenerme.
La memoria me recordó al doctor Vicente Laguna, un médico bien parecido, alto, delgado, de tez muy blanca, ojos y pelo obscuro, nariz recta perfecta, con una risa franca que dejaba ver unos dientes blanquísimos, y siempre dispuesto a pronunciar un chiste oportuno. El timbre grave de su voz era el mismo. Todo esto me recordaba a aquel galán del cine de la época: Cary Grant.
Pero, ¿por qué relacionar a estos dos personajes tan extraños y tan diferentes en ese preciso instante? Junto a mí se había incorporado un mendigo encorvado. El viejo que estaba ante mí me mostraba una boca desdentada, una barba canosa y sucia y unos ojos muy tristes.
– ¿No me reconoces? Soy Chente. Yo te identifiqué desde que cruzaste la calle y quise saludarte.
– Pero, ¿qué te ha sucedido?
– Pregúntame, mejor, ¿qué no me ha sucedido? Recordándote mi antigua profesión te hablaré de mis síndromes. Tuve el de Juan Charrasqueado: seduje a muchas mujeres; jugué lo propio y lo ajeno; me hice tramposo y frecuenté la cárcel en varias ocasiones; bebí y sigo bebiendo el contenido de muchas vinaterías.
He recorrido el sinuoso camino de la crápula. Mi fin está próximo, pues me acompañan las secuelas de los vicios.
– ¡Y Carolina, tu esposa, tus hijos...?
– Mis hijos: profesionistas, ejecutivos. En múltiples ocasiones quisieron ayudarme, pero los defraudé y rechacé su apoyo. Fue más fuerte mi adicción que el cariño que les tengo. Ahora, no pueden presentar al mendigo vicioso como el abuelo de sus hijos.
– Pero... ¿Y Carolina?
– Cuando me dejó y se hizo cargo de nuestros hijos instaló una modesta sala de peinados. En la actualidad tiene varias clínicas de belleza. Vive en una magnífica residencia en Bosques de las Lomas. Alguna vez fui a verla. Tan sólo me permitió quedarme en el cuarto donde guardan los útiles de limpieza. Esa noche, me hizo compañía un mastín tan maloliente como yo. En la actualidad pernocto en los albergues que nos proporcionan a los viciosos.
– ¡Dime, Chente! ¿Qué puedo hacer por ti?
– ¡Dame una moneda!, para olvidar con la bebida esta perra vida.
Me alejé con lágrimas en los ojos y estrujada emocionalmente.
Una linda princesita japonesa paseaba por el jardín y se acercó a cortar una margarita. Daizín -que así se llamaba-, estaba triste, pues su novio se había ido a la guerra y quería consultar con las flores qué tan grande sería el amor de su amado Yakeda.
Al cortar la flor, un destello de una luz brillantísima la hizo cubrirse los ojos; pero, luego, vio a un genio que le dijo: "Soy el espíritu de las flores. Si tú quieres saber cuántos años de felicidad te esperan al lado de tu amado cuenta los pétalos de la margarita, y el resultado
será el tiempo de tu dicha."
Daizín empezó a contar pétalo por pétalo y descubrió que tan sólo eran diecisiete. Todas las margaritas tenían ¡diecisiete pétalos! Pensó que diecisiete eran un muy pocos años de felicidad y entonces desprendió de su pecho un alfiler y con la punta de él empezó a hacer tiritas muy delgadas de cada pétalo de la flor. De esa manera, su dicha sería muy larga.
Fue así como nació el crisantemo, ¡la flor de los enamorados!, que vive al amparo del monte Fuji San.
Sobresalía entre todos los presentes por su arrogancia. Se llamaba Juan Ceballos. Alto, robusto, de pelo negro ondulado, unos ojos como el color del mar, en los cuales uno se perdía. Desde pequeño siempre destacaba de sus hermanos por su simpatía y su bella sonrisa, la cual prodigaba sin importar con quien estuviera y recordando con su acento la hermosa tierra que lo vio nacer. Era el menor de tres hermanos, hijos de Don Francisco Ceballos y Gracia
de la Concha, de quien heredó su amor a las artes y su gran sensibilidad.
Desde pequeño se había convertido en uno de los músicos de mayor prestigio en el país; sin imaginar que la suerte, en un encuentro fortuito con uno de los más eminentes y conocidos directores de orquesta iba a cambiar su futuro. ¡Sus sueños se realizarían!
Al principio, la frustración de no poder salir de su ciudad lo llevó a pensar que nunca iría a
realizar sus sueños, pero al correr del tiempo llegó a ser uno de los músicos más célebres de su patria y fue reconocido internacionalmente. Las composiciones que hoy nos deleitan y que desde pequeños hemos tocado, a la vez que nuestros hijos han escuchado, se las debemos a ese gran hombre; que gracias a su empeño y lucha logró a alcanzar el lugar que tiene hoy en día.
Eras el viento helado de la mañana,
ese quemante calor del medio día,
un crepúsculo oscuro, sin melodía
Eras el culpable de mi vida vana,
la obra maestra, locura que pasa;
eras el fin sin final de lo que era,
eras punto final de una larga espera.
Eras la tormenta que todo lo arrasa.
Yo soñaba siempre que mi dicha entera
eran esos besos de tu boca loca.
¡Ciega; me creía la dulce quimera!
Tus besos malditos, que por vez primera
quemaron ardientes mi férvida boca,
fueron en tu vida fugaz primavera.
Mis versos son un susurro
Acariciando tu oído,
Despertándote ilusiones,
Despertando tus instintos.
Mis versos son un susurro
En una noche de invierno,
Una caricia galante
En un sofá muy pulido,
Una gota de perfume
Con aroma de jazmines,
Un suspiro y un temblor
Temporalmente callados.
No son aquel arrebato
Que los amantes se juran
Amor eterno sin mancha,
Y después, también callados,
Lentamente se separan.
Verdes montes te rodean
a semejanza de gallardos centinelas.
La luna riela en tu límpido cielo
llevando consigo, cual cortejo,
(blancas nubes de algodón, mientras
en tus mansas aguas saltan pececillos de color;
De tus pequeñas lomas suben y bajan callejuelas,
encaramados, tus balcones se deleitan con la
(vista de tu lago.
Bello eres, pequeño jirón de la suave patria.
Rico por tu estampa de paisaje
alegre, por tu gente bullenguera cuyas
voces son como sonajas de
oro y plata.
La noche se vistió de hermosas lunas
que alumbraron tus ojos hechiceros,
y en tu cara se encendieron dos luceros
y gozamos del amor entre las dunas.
Los cocuyos, transformados en estrellas,
embrujaron aquel mágico momento,
convirtiendo nuestras vidas en un cuento
de apuestos caballeros y doncellas.
Milagroso es el amor que hay entre nos,
que me dejo seducir entre tus brazos,
y a la luz de los más bellos ocasos
se dibuja un solo cuerpo... en vez de dos.
Mi Mercado de Coyoacán es muy limpio y da gusto asistir a comprar lo indispensable para una alimentación sana y natural.
Los puestos de verduras y yerbas huelen a frescura. Bien apilados podemos observar los espinosos chayotes, las espinacas, ejotes, rojos jitomates, brillantes calabacitas, los hongos, lechugas, húmedos espárragos, cebollas, cebollines, chiles verdes, cilantro, perejil y tomates verdes para su preferida salsa picosita.
El colorido de las frutas, con sus embriagantes olores, son un deleite para la vista y el olfato. Pirámides de jugosas naranjas y mandarinas, dulces melones, enormes sandías, guayabas, fresas, lustrosas manzanas, racimos de uvas, papayas, verdes chirimoyas, maduros higos, exquisitas peras y muy difícil de escoger los sabrosos mameyes. "Se los calo "jefecita" pa' que se los lleve sin chistar".
"Pase "güerita" a mercar las flores: rosas para sus amores, lleve las blancas margaritas, el cempasuchil pa' los difuntos, gladiolas y azucenas pa' los altares".
"¡Cómpreme "seño" los claveles perfumados y los hermosos alcatraces, a precio sin igual!".
"Pásele "marchantita", que acá mesmo vendo las flores más frescas y bonitas".
Los trinos de los cinzontles, jilgueros y canarios, así como los gritos agudos de los loros, se escuchan sin cesar.
Todos los viernes son días especiales de venta en mi mercado; sin faltar los empíricos cantantes y el vibrar único de las finas maderas de la sonora marimba. ¡Todo es bullicio, alegría y vida en mi Mercado de Coyoacán! El rebozo ha sido:
La cuna que arrulla,
-----------abrigo que cobija,
------------------sombra que refresca,
-----------------------vestimenta que corona,
----------------------------------elegancia que distingue
-----------------------------------------------y tradición que permanece.
Tiene usos tan variados como la imaginación lo permite y es fiel testigo de la historia de México. Pieza única, legado del arte indígena y popular que es símbolo de identidad nacional.
Los rapacejos -mejor conocidos como flecos-, son de diferentes tipos: jánana; rejillo, petatillo. Todo depende del color y del tipo, así también del lugar de donde proceden: Los de telar de cintura tienen sus nombres: Salomónico de la sierra, poblano, sandía de Coapastle, color obscuro, sullalpeño, mexicano, corriente de farol, columnitos o gris, tornasol, jamoncillo, calandriz, aire, y el más famoso: el rebozo de bolita de Santa María, de San Luis Potosí. Pesa 750 gramos y pasa por un anillo. ¡Claro que son caros!
También hay de Tulancingo, Méx.; de Oaxaca, muy frescos; de Guerrero; de Michoacán, el clásico azul con rayas blancas; y los hay: para el frío, de lana; frescos, para el calor; pero todos bellos.
Es un orgullo para las mexicanas poder lucirlos y debemos valorar tanto trabajo y admirar el arte que tienen sus diseños.
Cierta tarde de verano caminaba por una calle, aun tranquila, de Mixcoac, cuando ví una vieja casona con hermosos balcones de hierro forjado.
Una ventana estaba abierta y pude obser-
var en el interior del cuarto una mecedora austriaca de mimbre.
Junto a ella había una mesita redonda, sobre la que destacaba un jarrón con claveles de diferentes colores.
Al fondo, se distinguían las copas de frondosos árboles, de lo que imagino era un gran jardín.
Los balcones me hicieron recordar la casa donde mi madre vivió su niñez y juventud.
Ella nos relataba que era una casa al estilo de muchas de Guadalajara: con un gran patio andaluz y una fuente de cantera, rodeada de malvones y geranios. La entrada de la casa tenía rejas estilo morisco.
Mi madre tuvo, como muchas muchachas de su época, un largo noviazgo con mi padre, platicando todas las tardes a través de aquellas rejas y disfrutando desde allí, también, las serenatas que mi padre le llevaba.
I
¡Señor!, ¿por qué me diste
la cárcel de este cuerpo?
¡El alma que lo alienta
no puede, así, volar;
llevar el pensamiento
sobre del orbe entero
y ser mísera oruga
que arrastra su fealdad...!
¡Yo quiero ser el agua
que bulle en la creciente!
Quiero ser el arco iris
en el azul del cielo;
quiero ser el torrente,
quiero ser el abismo,
quiero ser los volcanes,
quiero ser astro, ¡sol...!
¡Quiero ser, en las frondas,
el pájaro que trina;
quiero ser, en las hojas,
el susurro del viento;
en la tormenta, rayo;
lava ardiente, en el cráter;
sobre las cumbres, nieve;
sobre los prados, flor.
Quiero ser el relámpago,
quiero ser la borrasca;
el crepúsculo rojo
al abatirse el sol;
en la alborada, cielo;
estrella, por la noche;
luciérnaga, en las sombras;
cirio, en el ataúd...
II
¡Quiero ser, en el niño,
el ángel de la guarda;
en la joven, sonrisa;
en el hombre, emoción;
en la madre, caricia;
en la vejez, consuelo,
aliento y protección...!
Quiero ser el vocablo
que hace vibrar las almas;
quiero ser la fragancia,
quiero ser el perdón,
el anhelo, el consejo,
la radiante esperanza.
Quiero ser, joh Dios mío,
toda yo un corazón!
Y como águila altiva,
surcar por el espacio;
enfrentarme a los vientos
y adelantarme en la mar;
y ser, en el misterio,
el inefable encanto
y en el órgano, nota,
y en el altar, unción.
Que mi palabra, obscura,
sea transparente y bella,
uniforme conjunto
de inteligencia y luz.
Que sea el agua que limpia,
el torrente que arrastra,
el abismo que atrae,
el remanso y la paz.
III
Yo quiero que mi verbo
sea la copia perfecta
de mi anhelo infinito,
de mi eterna inquietud...
Estas ansias que siento,
estas voces que escucho,
son el germen de vida,
del espíritu, ¡luz!
¿Por qué, en torpes sonidos,
convierto la grandeza?
¿Por qué, si tanto siento,
no fluye un manantial?
Mi palabra es obscura,
mi torpeza sepulta
lo que capta el espíritu
de belleza y virtud.
¡Señor!, ¿por qué me diste
la cárcel de este cuerpo?
¡El alma que lo alienta
no puede, así, volar;
llevar el pensamiento
sobre del orbe entero
y ser mísera oruga
que arrastra su fealdad...
Laura Graciela Bermeo, escritora y periodista, nació en Torreón, Coahuila. Estudió la licenciatura en Derecho en la Universidad de Guadalajara; desde hace tres décadas ha sido colaboradora en revistas nacionales como Bon Vivant, Escala, Marie Claire, Claudia y Vogue, entre otras, y además ha escrito para el periódico Reforma. Laura G. Bermeo ha publicado ocho libros: Historias para contar (anecdotario); Andrea y el diablo (cuentos); Teodora y su mundo y Amor más allá del tiempo (novelas); Personalidad femenina (superación personal); un libro de gastronomía Manténgase joven; un ensayo sobre El cuento mexicano del siglo XX; Los brazos de Poseidón, y su último libro de relatos Trama de sueños, a cuyos textos se suma la novela en preparación Los límites del amor. Fue directora de la revista naturista Tonantzin, y ha sido miembro de diversas asociaciones culturales como el Instituto Mexicano de Ciencias y Humanidades, la Sociedad Cultural Sor Juana Inés de la Cruz y la Asociación Nacional de Periodistas. Actualmente es Secretaria de Cultura de la Casa de Coahuila, tiene a su cargo el Taller de Redacción del Centro Cultural "San Francisco", y colabora en la revista México Swing.
Agradecemos al Lic. Juan Carlos González Llamas, Director de Gerontología del Inapam, la autorización para realizar este artículo, y a la Lic. Leticia Chávez Zamudio, responsable del Centro Cultural "San Francisco", sus atenciones y apoyo.
Taller de Redacción del Centro Cultural "San Francisco", del Instituto Nacional de Personal Adultas Mayores (Inapam). San Francisco 1809, Col. Del Valle, C.P. 03100. México, D.F. Tels.: 5534 9557 y 5524 0515.
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Nora García, candidata a maestra en Antropología Social por la Escuela Nacional de Antropología e Historia y responsable de Planeación Editorial de la Revista Enlace.