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Una de las perspectivas más importantes en el mundo contemporáneo sobre la salud y la enfermedad la representa la homeopatía, un método curativo, dentro de los diversos procedimientos de esta naturaleza, verdadera y rigurosamente experimental, que se basa en la relación de semejanza que existe entre la enfermedad y su remedio. La doctrina de esta medicina y los señalamientos para su práctica exitosa fueron establecidos por Samuel Hahnemann, médico alemán fundador de la homeopatía, en su principal obra El Organón del arte de curar.
La medicina con el calificativo de homeopática surgió y se ha desarrollado como un método científico, partiendo de la inmejorable experimentación de cada una de las drogas naturales. Existen protocolos experimentales de cientos de medicamentos que satisfacen plenamente la necesidad de remedios en la clínica referida a la medicina interna y, parcialmente, a la patología externa. La homeopatía contiene los principios demostrados por la experiencia secular de la tradición médica, al mismo tiempo que ha conservado e incorporado conceptos imperecederos de Hipócrates, Galeno, Dioscórides y Paracelso, así como los descritos por pensadores modernos como Claudio Bernard, Trouseau, Tessier, Freud y Jung; todos ellos fundamentan sus procedimientos de tal manera que le permiten lograr efectos trascendentes en el arte de curar.
Desde el año 600 a.C. con Hipócrates los médicos ya habían definido dos grandes clases de enfermedades: las que provienen de causas del exterior y adicionan o alteran las funciones del organismo como heridas, lesiones, envenenamientos o ponzoñas de animales; y las que parecen surgir dentro del organismo por
herencia, vida antinatural o comportamiento desordenado. Estas causas conforman la patología externa y la patología interna: la primera es más adecuada para el tratamiento materialista, alopático o galénico, y a la patología interna que es acorde con lo dinámico y vital, corresponde la homeopatía. Aunque es importantísimo señalar que desde un punto de vista filosófico ambas medicinas se pueden complementar evitando con ello el fanatismo vitalista y espiritualista, así como el científico, predominantemente organicista, fenoménico y materialista.
S. Hahnemann preguntó a la naturaleza la relación que existe entre lo que llamamos enfermedad y lo que debe ser su medicina, y la respuesta que obtuvo es lo que constituye la homeopatía. La verdadera enfermedad es una serie de fenómenos defensivos que el organismo humano realiza con el fin de volver al estado de bienestar que representa la salud. El remedio será tan eficiente como sea su capacidad de estimular u orientar esos fenómenos defensivos hacia la consecución de la salud.
Uno de los principios más importantes en esta medicina es el de la similitud, el cual establece que una droga o medicamento solo puede curar en el enfermo lo que es capaz de producir en el hombre sano. Nuestro propio organismo, cuando es perturbado por una noxa o causa de enfermedad, desarrolla de inmediato reacciones defensivas con el objeto de curarse. De otra manera todos nos moriríamos si no tuviéramos junto a nosotros un médico que nos auxiliara. El reconocimiento de esta fuerza curativa de la naturaleza (Vis medicatrix natura) es el principio hipocrático obligado en todo procedimiento terapéutico.
Ese como todos los otros fundamentos de la homeopatía, han surgido de la experimentación de las sustancias medicinales en el hombre sano, forma para Hahnemann inmejorable de conocimiento sobre su efecto. Estas bases integran el método homeopático y son necesarias para que
se pueda realizar este proceso curativo basado en la similitud y derivado de la analogía; forman un cuerpo de doctrina por lo que todas y cada una intervienen en la eficacia del procedimiento, a continuación se describen brevemente:
  1. Toda droga produce en el organismo sano series de fenómenos, tanto en lo psíquico como en lo orgánico propiamente dicho, que coinciden con series semejantes encontradas en las enfermedades. Es en sujetos clínicamente sanos en los que se realiza la experimentación para poder observar los cambios que la sustancia va a producir en el organismos sano, ya que si la persona estuviera enferma los efectos que produce la droga se mezclarían y confundirían con sus propios síntomas.
  2. Al sufrir el organismo una agresión despierta de inmediato toda una serie de fenómenos defensivos constituida por signos y síntomas que conforman la enfermedad. En la experimentación la alteración que forzosamente se produce al introducir al organismo cualquier sustancia es una agresión, pero es de índole pasajera y no toxica, pues desaparece al dejar de tomar la sustancia.
  3. Tanto en los efectos experimentales como en las enfermedades, cada individuo reacciona en forma peculiar e individual, dentro de una analogía con las causas, pero siempre en concordancia con su idiosincrasia o forma particular de ser.
  4. También cada medicamento produce efectos muy particulares en concordancia con su origen, su naturaleza y la cualidad de su preparación.
  5. Esa forma individual de reaccionar también está determinada por la predisposición de cada persona debida a su herencia, medio ambiente, temperamento y estímulos diversos.
  6. Cuando hay una susceptibilidad considerable y especialmente acorde con la condición patológica, el individuo reacciona con cantidades mínimas del remedio.
  7. Se pone en evidencia por la experimentación de las drogas en el hombre sano, que la mayor parte o totalidad de las reacciones de orden patológico, así como las de orden curativo, son procesos dinámicos perfectamente concatenados que determinan la salud y la enfermedad, y que son sustrato de toda manifestación existencial tanto en el ser humano como en el universo. La salud y la enfermedad son procesos dinámicos, esto es, series de energías que actúan armónicamente en el primer caso y en desarmonía o disritmia en el segundo.
  8. Un elemento terapéutico verdaderamente eficiente debe ser capaz de desarrollar un efecto integral en el hombre enfermo, y una proyección genérica o de especie, es decir, trascendente.
  9. Si todos estos postulados son congruentes y demostrables, deben ser imprescindibles para constituir el mejor procedimiento curativo.
Las posibilidades que brinda la homeopatía requieren como condición una preparación ética y médica adecuada para que pueda ser utilizada exitosamente en cada caso particular, asimismo sus resultados muestran lo perjudicial que puede significar rechazarla sin estudiarla detenidamente, o asumir "aproximaciones" que la deforman. La salud y la enfermedad son maneras de ser del hombre, se puede vivir corta o larga vida estando enfermo, como también corta o larga vida en salud, pero esta última debe procurarse porque en ella el ser humano vive plenamente y expande sus potencialidades.


Notas
* Este artículo ha sido elaborado a partir de conceptos y planteamientos del Dr. Proceso Sánchez Ortega (1919-2005), eminente médico homeópata mexicano, fundador de la Escuela de Posgrado de Homeopatía de México.



María del Rosario Sánchez Caballero, médico homeópata. Subdirectora de la Escuela de Posgrado de Homeopatía de México y profesora de Clínica Integral Homeopática.
rosariohom@hotmail.com


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