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Buscando alternativas de praxis educativa
Los desafíos que nos plantea educar en el siglo XXI, nos han llevado a los centros educativos a explorar diferentes caminos para lograr el objetivo de educar a una persona de forma integral. Al respecto, hoy se habla mucho de Educación en Valores y existen variadas y valiosas propuestas.
Al programar un proyecto de Educación Ética, también encontramos diferentes enfoques, aproximaciones conceptuales y marcos ideológicos. La piedra angular de un proyecto de Educación Ética, es la definición de lo que se entiende por este último término. El Lic. Javier Galdona, Director del Departamento de Educación en Valores, de la Universidad Católica del Uruguay, propone una definición de Ética, que nos parece muy valiosa a la hora de encarar un trabajo en este sentido: Ética es la praxis de construirnos mutuamente personas en la historia.
Atentos a este enfoque, la construcción de la personalidad moral es una praxis que no puede realizarse aisladamente del contexto social, sino que involucra todas las dimensiones de la personalidad, desde su esencia, la dimensión comunitaria o convivencialidad.
Hablamos mucho de convivencia armónica, de tolerancia, de diálogo, de solidaridad... Un ser humano equilibrado no puede crecer y madurar sin recorrer el camino con los otros, en una relación de mutuo enriquecimiento.
La realidad hoy, nos muestra una sociedad dividida, discriminadora, donde los diferentes grupos se separan cada vez más y tienen entre sí, una actitud antagónica, de enfrentamiento cargado de prejuicios, en lugar de una búsqueda de encuentro y superación de dificultades.
¿Cómo construir puentes de unión, de vínculos humanizadores, que permitan construir una vida comunitaria acorde a la misma dignidad humana de todos sus integrantes?
Igualdad no es uniformidad. La riqueza de la humanidad está en su diversidad, pero tenemos que aprender a respetar y a vivir en la diversidad, donde todos y cada uno tienen un lugar singular. ¿Cómo integrarnos en lugar de separarnos? ¿Cómo buscar caminos de construcción de condiciones de vida digna para todos? La adolescencia es una etapa en la que se fundamenta el proyecto de vida personal.
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En este sentido es que la educación tiene un lugar privilegiado para promover el desarrollo de habilidades, actitudes y valores que favorezcan la convivencia justa y armónica.
Aprendizaje-Servicio
Es una filosofía educativa, que une intencionalidad pedagógica con intencionalidad solidaria. Es un aprendizaje-experiencial, a través del cual, los chicos aprenden y las comunidades progresan. No es un programa de asistencia social, sino aprendizaje a través de proyectos de promoción humana. Es la educación en valores, a través del servicio comunitario. Nuestro primer deber, como centro educativo, es la educación de nuestros jóvenes. Nuestro objetivo es pedagógico. El servicio comunitario, visto desde este enfoque, es un camino privilegiado de Educación Ética, pues es un aprendizaje a través de la experiencia, que implica reflexión e interiorización de la experiencia.
Los proyectos de Aprendizaje-Servicio deben adaptarse a la etapa de madurez de los chicos, respetar sus intereses y aptitudes, deben ser paulatinos y progresivos, nunca producir un shock, que va en contra de nuestros objetivos pedagógicos. Como todo aprendizaje, debe ser significativo, y contribuir a la búsqueda de un sentido de vida, y a la construcción del proyecto de vida personal, que trascienda en la construcción de una familia y una sociedad.
Cada proyecto debe ser planificado a la luz de la doble intencionalidad, con objetivos claros y definidos que atiendan por igual las necesidades comunitarias y las necesidades de crecimiento de los jóvenes. Debe ser correctamente monitoreado, para estar atento a corregir y mejorar su implementación, si fuera necesario. Los proyectos pueden tener diferentes niveles de exigencia y compromiso, depende de cada contexto educativo.
Algunos ejemplos de implementación en Uruguay:
- Compromiso de colaboración y trabajo en centros CAIF (Centros de apoyo a la Infancia y a la Familia).
- Colaboración en club de niños (centros que atienden a niños en edad escolar), realizando apoyo escolar.
- Vinculación y trabajo coordinado en centros de INAU (Instituto de la Niñez y la Adolescencia del Uruguay).
- Apoyo a organizaciones asistenciales.
- Vinculación y programa de visitas en hogares de ancianos.
- Apoyo a fundaciones con diferente carisma (Braille: apoyo a personas con deficiencias visuales; Peluffo-Giguens: apoyo a niños con cáncer; Gonchi Rodríguez: apoyo a niños en situación de vulnerabilidad; y otras fundaciones humanitarias...).
- Encuentro e intercambio con centros de discapacitados.
- Campamentos de trabajo en Escuelas Rurales.
Existe una amplia gama de posibilidades, todo está en poner a funcionar la imaginación y la creatividad.
Muchas veces los docentes nos preguntamos, ¿cómo lograr la motivación de los chicos? ¿Cómo brindar oportunidades de aprendizajes significativos? A través de proyectos de aprendizaje-servicio, los chicos pueden encontrar aplicaciones de sus aprendizajes dentro del aula, en beneficio de otras personas. Esto ayuda en el descentramiento necesario en el proceso de maduración psico-afectiva y social.
La experiencia de sentirse valioso, favorece la construcción de la autoestima y colabora en la percepción de yo, nosotros, podemos hacer algo, estimulando el compromiso con la realidad que nos rodea.
Los jóvenes merecen oportunidades para redefinir su rol en la sociedad, como constructores de una convivencia más humanizadora para todos.
María Inés Piaggio Mazzara, tiene estudios de Postgrado en Educación con énfasis en Educación en Valores. Especialista en Educación Ética a través del Servicio Comunitario realizado por jóvenes y Asistente Social Familiar. miapi@adinet.com.uy
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